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SERRANÍA DE RONDA.

DICIEMBRE 2019. SERRANÍA DE RONDA Y SIERRA DE GRAZALEMA. (Irene y Rally).

 

 

Pues nada amigos, aquí haría mi primer viaje fuera de nuestra región con Irene, mi pareja, con la que visitaría una de las consideradas ciudades más bellas de toda España, y razón faltaba. Se trataba de la malagueña Ronda, de la que ambos habíamos oído, visto y leído muchas cosas, pero que en persona es aún más espectacular.

El planing del viaje, no iba a consistir sólo en la visita de Ronda, ya que aprovecharíamos los días festivos del puente de Diciembre, para conocer parte del entorno de la Serranía de Ronda y la Sierra de Grazalema, con pueblos como Setenil de las Bodegas, Olvera, Zahara de la Sierra, Grazalema, Antequera..., teniendo que dejar sin ver otros pueblos de la zona por falta de tiempo, como el caso del famoso pueblo de los pitufos, Júzcar, por lo que habrá que volver alguna vez a la región.

El tour cultural, lo completamos con una visita al otrora famoso Caminito del Rey, que aunque nos gustó mucho el paisaje por el que transcurría, nos dejó un mal sabor de boca, al imaginarnos que su paseo sería mas peligroso y espectacular de lo que es hoy día, y es que parece ser que llegamos 10-15 años tarde....

 

Madrugamos bastante para salir de Madrid y aprovechar el primer día de vacaciones, por lo que a las 8h ya estábamos por la zona de Despeñaperros haciendo nuestra primera parada, estirnado un poco las piernas, llegando a la ciudad rondeña a eso de las 11h de la mañana.

Al llegar prontito, pudimos pasear por nuestra cuenta por la ciudad, e ir contemplándo el famoso Puente Nuevo de Ronda, el que todos conocemos de las fotos de la ciudad, situado en un corte de la roca hecho por el río Guadalevín, en lo que se conoce como el Tajo de Ronda. Y es que la imagen del desfiladero vista desde arriba de la ciudad impactaba muchísimo. Allí aprovechamos para hacernos unas buenas panorámicas de la ciudad y la región, desde el mirador que había en el parque del Auditorio Blas de Infante.

 

Seguimos paseando por la ciudad, quedando sorprendidos no sólo por su belleza y encanto, con sus callejuelas, balcones, vistas, etc., si no también por lo amplia y grande que era, ya que ambos íbamos con la idea de que nos encontraríamos con una ciudad pequeña y aburrida, y era todo lo contrario, porque por la noche también tenía muchísimo ambiente. Así, llegamos a la otra punta de la ciudad, donde paramos a comer en la plaza Ruedo Alameda, justo al otro lado de las murallas de la ciudad, y de la Puerta de Almocábar. Allí hicimos una buena degustación de platos típicos de la zona, acompañados de unas sabrosas berenjenas fritas con miel, con la compañía d eun sol espléndido, que nos alegraba el día.

Al tener la visita guiada contratada para el día siguiente por la tarde, decidimos ponernos a pasear por las afueras del Tajo de Ronda, hasta llegar a los miradores que hay en la parte de abajo de la ciudad, en donde se puede contemplar el desfiladero y el Puente desde abajo, rodeado de chorros de agua, en los que se suele hacer vía ferrata y barranquismo en mejores épocas. En esa zona se encontraban restos de arcos de época musulmana, y de antiguas murallas que rodeaban a la ciudad en la Edad Media, que se conservaban en no muy estado, pero que merece visitar al menos para ver la panorámica de la ciudad de la parte baja.

 

Al gustarnos a los dos caminar, nos volvimos a echar la manta a la cabeza, y a pesar de estar cansados de todo el día de viaje y caminatas por la ciudad, nos plantamos justo al otro lado del río, para poder ver el llamado Puente Viejo, que estaba situado al lado de los restos de loa Baños Árabes, que no pudimos visitar al estar ya cerrados a esas horas, y aprovechando previamente el tiempo sobrante, para pasear también por las murallas orientales de la ciudad en esa zona. En esa zona del río, se encontraban también edificios muy simbólicos de la ciudad, como era la Puerta de Felipe V, el Palacio del Marqués de Salvatierra, o al otro lado del desfiladero rodeado por el río, la Casa del Rey Moro (a la que nos quedamos con ganas de entrar...). Volvimos ya un tanto extasiados hacia el hotel que teníamos cerca de la plaza de toros, tomando algunas fotos desde el mirador que hay en los Jardines de Cuenca, con ota panorámica buena bonita de la ciudad, y empezando a ver el atardecer, al que acompañaba la sensación de frío y humedad en la zona.

Tras el merecido descanso en el hotel, y la correspondiente cena en el centro de Ronda, con un ambiente callejero propio de la Gran Vía de Madrid, volvimos a hacer otro paseo nocturno por la ciudad, en el entorno del Puente Nuevo y la Plaza de España, donde destacaba por encima de todo, el gran Parador de Ronda, con unas luces que denotaban su improtancia.

El día tocaba a su fin, no sin antes contemplar un espectáculo de bailes y música gitanos y flamencos, que amenizaban la noche en las cercanías de la plaza de toros.

 

El siguiente día, saldríamos prontito del hotel, ya que nos esperaba una ruta en coche por varios pueblos de la Serranía. La idea era poder visistar lo máximo posible, aunque sin prisas, pero el problema era que las carreteras de un pueblo a otro eran mayormente secundarias, y los trayectos se hacían interminables, con lo cual en un día apenas podías visitar 3-4 pueblos a lo sumo. Nosotros comenzamos la ruta por los conocidos como pueblos blancos de Cádiz, en nuestro caso en primer lugar, en Setenil de las Bodegas. No llegamos especialmente pronto, pero sí lo suficiente como para poder contemplar el pueblo con calma, antes de todo el boom de turistas que empezarían a llegar cuando nosotros ya nos marchábamos...

El pueblo es famosísimo, por estar enclavado en un tajo de la roca creado por el río Trejo, en donde gran parte de las casas están construídas bajo la roca, formando cuevas muy espectaculares. Allí lo recomendable obviamente es pasear por las llamadas calles Cuevas del Sol y Cuevas de la Sombra, que como su propio nombre indican, hacen referencia a las horas de luz solar que reciben. Nosotros el paseo lo completamos subiendo a la parte alta del pueblo, en la zona de la calle Cantarería alta, desde la que hay un mirador en el que contemplar una vista magnífica del pueblo, y el corte de la roca a su paso por él. En esa subida además, aprovechamos para visitar una las muchas casas cuevas que hay en el pueblo, orientadas al turismo, en donde puedes entrar y ver cómo son por dentro estas viviendas, con su espectacular techo de la propia roca de la montaña.

Muchos turistas también se acercaban al otro lado del río, al Mirador del Carmen, situado al lado de la ermita, que da su nombre, desde el cual también habría unas vistas muy llamativas, pero nosotros al querer aprovechar para ver más pueblos, declinamos subir hasta allí, iniciando de nuevo la ruta en coche hacia nuevos pueblos.

 

La siguiente parada era el pueblo de Olvera, también de la provincia de Cádiz, en el entorno de esos pueblos blancos de la Sierra de Grazalema.

Es un pueblo pequeñito, pero muy llamativo y bonito, donde todo está construído en una leve colina a las faldas del castillo de la ciudad, y la actual parroquia. Nosotros dejamos el coche justo en la parte baja del pueblo, para poder pasear un rato por sus calles mientras llegábamos al Castillo. Hicimos una parada en la Plaza de Andalucía, donde se encontraba un parque con una gran estatua dedicada al Sagrado Corazón, desde la cual se veía una panorámica del pueblo espectacular. Así, poco a poco y cuesta arriba, conseguimos llegar a través de la Calle Llana (cuyo nombre no tiene nada que ver con la realidad), a los pies del Castillo. Hicimos la correspondiente visita de la Iglesia y del Castillo de Olvera, que si bien por dentro, tampoco tiene nada de espectacular, si merece la pena entrar a verlo, al no ser precios muy elevados, tener unos buenos murales y decoración que explicaban la historia del edificio, así como unas vistas que no podían dejar pasarse.

 

Visitado el pueblo, tocaba de nuevo, coger el coche y acercarnos esta vez, al vecino, que no cercano, pueblo de Zahara de la Sierra. Todos los pueblecitos, eran muy similares, pequeñitos, con castillos en sus partes altas, rodeados de restos de murallas, situados en zonas escarpadas..., y es que todos tenían es resquicioo histórico de la época de la Reconquista y los enfrentamientos entre musulmanes y crisitanos.

Lo primero que hicimos nada más llegar al pueblo, fue parar a comer, y es que con tantos viajes con curvas y más curvas, ya era más allá del mediodía, y el hambre llamaba a las puertas. Era un pueblo muy pequeñito, pero estaba plagado de turistas, por lo que se hizo bastante complicado encontrar un sitio para poder comer, logrando al final tomar algunas raciones de pie en una terraza, en la calle Ronda, en donde al sol se estaba de lujo, pero a la sombra que ya empezaba a acechar a las faldas del castillo, no había ni dios que aguantara... una vez dejado el estómago saciado, tocaba subir andando al Castillo de Zahara, y caminar hasta la Torre del Homenaje. Esperábamos encontrarnos algo interesante par apdoer ver ahí dentro, pero lo tienen bastante abandonado y medio en ruinas, por lo que sólo se ven estancias vacías y los restos de los muros, siendo lo más interesante las vistas del entorno, con el embalse de Zahara del río Guadalete como lo más interesante.

 

El último de los pueblos blancos que nos tocaba visitar, era el que da nombre a la sierra, el famoso pueblo de Grazalema. El camino hasta el pueblo nos llevó por el Puerto de las Palomas, en elq ue tomaríamos algunas fotos de la zona, incluidas algunas cabras que había por allí. En la zona del Sendero de las Lomas y del Sendero del Pinsapar, había multitud de vehículos, aunque luego nos enteraríamos en la oficina de turismo, que era obligatorio entrar con un pase si querías evitar una sanción, al ser una zona protegida por estar el abeto pinsapo en ese entorno.

El pueblo en sí de Grazalema, nos defraudó un poco, y es que con lo famoso que es, por dar nombre a la Sierra, no es anda del otro mundo, y apenas hay cosas para visitar dentro de él. Había muchos turistas y casas rurales y zonas donde hospedarse eso sí, pero está más bien orientado para los senderistas y montañeros que visitan las sierra, que para ver el propio pueblo en sí. Tras conseguir aparcar el coche, no sin poco esfuerzo, no pusimos a pasear por sus calles, siendo lo más famoso el barrio árabe, en donde se pued econtemplar el antiguo Lavadero Público del pueblo al lado del río Guadalete, como una de las coas más características. Al lado se supone que estaba la Calzada Medieval, pero apenas quedaban restos importantes. Tras el paseo por las afueras del pueblo, tocaba el interior, en donde estuvimos caminando por unas calles sin vida, ni nada destacable, hasta llegar a la Iglesia de San José, y retornando por las calles paralelas hasta la Plaza de España, que era de lo poco que había con vida en el pueblo.

Un tanto desilusionados por la visita del pueblo d eGrzalema, del que como os comentaba, esperábamos algo más, retornamos hacia Ronda, en donde nos esperaba la viista guiada de la ciudad.

 

La visita de Ronda, era en el estilo de Free Tour, siendo muy interesante, tanto por los lugares que recorríamos, como por la información dada por la chica que hacía de guía. El tour lo comenzamos en la plaza de Toros, y es que la de Ronda, construída en el siglo XVIII, formaba parte de las de la Real Maestranza por su importancia, rivalizando con su vecina de Antequera, y contándonos la historia de la importancia del toreo en esta ciudad a manos de la familia de los Ordóñez, especialmente Cayetano y Antonio, continuándo con la dinastía torera aún hoy día, dos de sus nietos (Francisco Rivera y Cayetano Rivera) hijos de su hermana Carmina Ordóñez y de Franciso Rivera "Paquirri".

La ruta continuó por los Jardines del Mirador de Ronda, la zona del Paseo de Yamahuchi, en honor al diseñador del videojuego Gran Turismo, del quel una edición transucrre por las calles de Ronda y que hizo su presentación en la propia ciudad.

Contiuamos por el Museo de los Bandoleros, donde la guía nos contaba la importancia del mundo bandolerista en el siglo XIX especialmente en esta zona, al poder refugiarse en las cuevas de las montañas y hacer así sus ataques. Bandoleros famosos como El Tempranillo o el famoso Curro Jiménez. Incluso en la propia ciduad en sus fiestas locales, sus ciudadanos van vestidos con trajes típicos de bandoleros. Pasamos también por varios jardines, en donde estaban los famosos abetos pinsapos, únicos en su especie al estar tan al sur de Europa, al aprovecharse de un microclima húmedo, que se da sólo en esta zona y en parte de Marruecos, y que hace que estén muy protegidos.

Acabamos la visita en la Plaza del Ayuntamiento de Ronda, justo enfrente de la Parroquia Santa María la Mayor, habiendo callejeado por todo el caso viejo de la ciudad.

Esa noche salimos también a cenar, aunque nos recogimos pronto, porque al día siguiente tocaba madrugón del bueno, para acercarnos a ver el "Caminito del Rey", y al no tener entradas contratadas, se hacía necesario el madrugón para llegar a tiempo de las que se venden a primera hora de la mañana en las taquillas.

 

Con el madrugón encima, nos pusimos en marcha hacia el pueblo de Ardales, en donde está el punto de partida del Caminito, estando por allí a eso de las 7'30h de la mañana, teniendo que llevarnos comida para el desayuno, al haber salido de noche del hotel. Cuando llegamos a la zona de las taquillas, tras el paso por un tunel bajo la roca, ya había gente esperando, y es que como os comentaba, si no llevas entrada, hay que llegar pronto, para poder adquirir las pocas que salen a la venta a primera hora de la mañana.

Así, que, allí estuvimos haciendo tiempo y desayunando hasta las 9h que se iniciba la ruta. Tras ponernos los obligatorios cascos, comenzamos a caminar por el Caminito del Rey. El paisaje era muy bonito a la par que espectacular, por los cortes que había en la roca, y los desfiladeros que se habían formado al paso del río Guadalhorce. Aunque quizás para alguien con vértigo puede resultar una sensación de extremo peligro, la realidad es que vas por una pasarela, en la que en ningún momento tienes la sensación de estar colgado sobre el vacío, ya que está en muy buen estado. Allí estuvimos charlando un rato con algunos de los trabajadores del Caminito, que nos explicaban que en su momento, era un sendero super peligroso, en el que habían fallecido varios senderistas y escaladores, antes de que se hicieran las reformas que permitían las visitas actuales, por lo que estuvo casi una década cerrada. Los que pudieron ver el Caminito del Rey antes de los años 90, si que realmente disfrutaron de una sensación de peligro extrema, al ser todo el trayecto muy rudimentario, y sin ningún tipo de medidas de seguridad, totalmente diferente a lo que podíamos encontrarnos nosotros ahora.

El Caminito está construido en las paredes, de lo que se conoce como Desfiladero de los Gaitanes, y recibe el nombre de la visita que haría el rey Alfonso XIII a la zona a inicios del siglo XX, ya que era un paso que se hizo para los trabajdores de las industrias hidroeléctricas radicadas en los embalses de la zona. Se trata de un sendero de unos 4 km de longitud, en donde parte del recorrido lo haces colgado de esas pasaleras en las paredes de la roca. Sería su su peligrosidad uno de los factores que contribuiría a darle la fama que tiene, y que hace que haya turistas de todo el mundo en el lugar, aunque como os decía poco o nada tiene que ver con lo que era antes de su resturación.

 

Aunque nos agradó mucho el paisaje y el lugar, nos resultó un tato descafeinado, porque esperábamos encotnrarnos con algo más de adrenalina, y la verdad es que es un paseo que s epuede hacer en vaqueros y zapatos, sin ningún tipo de dificultad ni esfuerzo físico, tal y como había algunos turistas y familias enteras haciendolo.

Eso sí, era muy llamativo como en la zona del desfiladero innicial, tenías unas temperaturas muy bajas, mucha humedad y niebla, sobre todo a esas horas matinales, mientras que en el tramo medio y final, ya mucho más abierto, el sol hacia que tuviera que ir quitándote ropa cada dos por tres...

El paseo realmente es muy corto, ya que no puedes pararte o sentarte a contemplar el paisaje, al no estar permitido, y por muy despacio que vayas, en una hora u hora y cuarto ya has llegado al final,a la zona de la aldea de El Chorro.

La ruta se puede hacer circular y volviendo andando al punto de partida, pero por fuera del espacio protegido del Caminito, con lo cual había que emplear varias horas, o bien volver en un autobús que te dejaba en el punto de partida, a la altura del Restaurante el Kiosco.

 

Con tiempo de sobra, al haber pensado que el Caminito nos iba a demorar más de lo empleado, nos dirigimos en el coche hacia la cercana Antequera, en donde la primera parada obligatoria era el famoso Torcal de Antequera.

El Torcal de Antequera, es un gran paisaje de rocas calizas, donde los sedimentos acumulados en lo que en época del Jurásico era un gran mar,tras una serie de choques tectónicos y fracturas generaron las famosas grietas (llamadas diaclasas) que han dado lugar al paisaje que vemos en la actualidad). Para entrar lo mejor es que vayáis a primera hora de la mañana, o que esperéis a pasado el mediodía cuando se abre el acceso al público, porque durante el resto del día, si es un día festivo, es muy probable que tengáis que estar esperando en la valla que da acceso al parking, al ser aforo limitado. Eso o subir y bajar en autobús, controlando horarios, y a sabiendas de que también hay colas espectaculares. nosotros al llegar rondando el mediodía, decidimos aparcar el coche en el parking que hay en la zona de abajo, comiendo allí y haciendo tiempo hasta que se abría el acceso.

Dentro del recinto, se pueden hacer dos rutas principales, una que es la corta (es la que hicimos nosotros por las horas que eran), que dura aproximadamente una hora caminando a paso suave, y mientras que la otra es la larga, que el recorrido es aproximadamente el doble. El paisaje es espectacular, y llama mucho la atención la forma horizontal de las grietas, máxime cuando todo lo que ves de paisaje a su alrededor son grandes llanuras sin un sólo resto de roca por ningún lado.. En el paseo era fácil ver muchas familias con niños corriendo entre las rocas, grupos haciendo picnics en el suelo, etc.

No empleamos mucho tiempo en ver el Torcal, ya que el tiempo apremiaba, y decidimos aprovechar las horas de luz que quedaban para visistar el citado pueblo de Antequera. Allí, sobresalía por encima de todo su Alcazaba, la cual a pesar de no conservarse en muy buen estado, merecía la pena visitar al menos por las vistas que había de la ciudad desde sus murallas. Además, el propio castillo estaba situado en lo que antigüamente había sido la mezquita de la ciudad en época musulmana. A la salida de la foraleza, se encuentra el Arco de los Gigantes, que sustuía a uno de época musulmana, y llamado así por las antiguas estatuas de gra tamaño que había a su alrededor.

Enseguida se nos hizo de noche, y no pudimos pararnos a ver otros edificios representativos de esta ciudad, como eran la plaza de toros, o el famoso Dolmen de Menga, así que tomamos el coche rumbo a Ronda, donde nos esperaba nuestra última noche en tierras malagueñas.

 

Al día siguiente, tocaba retorno a casa, pero al salir con tiempo aprovechamos para parar en la ciudad de Jaén, por la cual ambos habíamos pasado multitud de veces, y por la que nunca habíamos hecho acto de presencia, quizás ensombrecida en parte por la grandiosidad de las ciudad andaluzas que tiene cerca.

Allí, lo primero que hicimos fue buscar un lugar para comer, en pleno casco viejo, por la zona de las tabernas que hay en la calle Cerón y alrededores. No estaba mal el ambiente, pero sí que es cierto, que no se podía comparar a otras ciudades andaluzas, ni por la cantidad de bares o ambiente, ni por asomo en turistas, donde en las 3 horas que estuvimos por la ciudad, apenas coincidimos con otra pareja en las cercanías de la catedral...

 

Con el estómago lleno, de migas que no pudimos acabarnos, fuimos paseando visitando la zona de la Catedral de Jaén, el edificio de estilo renacentista más característico de la ciudad, para continuar la ruta por el Torreón del conde Torralba, continuando por la Plaza de la Merced, hasta llegar al Arco de San Lorenzo, y finalizando la ruta en los Baños Árabes, que eran de entrada gratuita y que merece bastante la pena visitar si estás por la ciudad, por su gran estado de conservación.

Después cogimos el coche y subimos hasta el Castillo de Santa Catalina, en donde hoy parte del castillo es un Parador, y observamos unas vistas de la ciudad muy bonitas, incluso sin entrar dentro del recinto, que fue lo que hicimos nosotros, y paseando hasta la Cruz del Castillo, en la otra punta.

Así acababa nuestra visita a tierras andaluzas, y aunque lo que más nos agradó fue la ciudad de Ronda, el resto de pueblecitos o la propia ciudad de Jaén, también merecen dedicarles unas cuantas visistas...

 

Un saludo.

Rally.

 

ÁLBUM FOTOGRÁFICO. (pasa sobre las imágenes para verlas en grande).

 

 

 

 

 

 

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