PAÍSES VISITADOS

ALEMANIA.

Agosto 2008: Al otro lado del muro (Berlín y Dresde) y Heidelberg. (Rally, Álex y Javi).

 

 

Primer viaje del trío maravilla, Álex, Javi y Rally, todos antiguos compañeros de universidad, a un destino al que teníamos todos ganas de ir, Alemania. El viaje sería un tanto lioso, porque habríamos de coger bastantes vuelos, bueses y trenes, al no poder alquilar coche con nuestra economía, pero que serviría para conocer una de las ciudades que más me gustó por su historia y forma de ser de las gentes, Berlín.

El plan de viaje, consistía en pillar un vuelo hasta Frankfurt, en donde sin salir del aeropuerto tocaba cambio de avión para llegar a Berlín. Allí estaríamos unos días visitando la ciudad (o las dos, porque realmente es un dos en uno), aprovechando para ver la cercana Potsdam. La siguiente parada sería Dresde, para volver de nuevo a Berlín y coger nuevamente un vuelo a Frankfurt, desde donde un bus nos llevaría a la zona de la Selva Negra, a Heidelberg, donde estaríamos dos días, volviendo a Frankfurt para pillar el vuelo de retorno a casa.

Los viajes en avión serían todo un circo, porque hicimos la reserva con Ryanair. Era nuestra primera vez, y nos liamos al sacar las tarjetas de embarque, lo que implicaba que tuviéramos que pagar ya una pasta por imprimirla en el aeropuerto (no salió caro el viajeal final, sí),a lo que había que unir el pago del equipaje que llevábamos que sobrepasaba las medidas mínimas, y es que íbamos cargados cada uno con una mochila de viaje, y Álex se había su tienda de campaña (de esas que no abultan "nada" circulares de Quechua, imaginaros el circo...), con lo que nos dieron palos por otodos lados, y eso que estuvimos vaciando mochilas poniéndonos toda la ropa posible encima, y haciendo un 3 en 1 en las mochilas... Lo triste es que no sé por qué, no fuimos capaces de hacerlo mejor en los siguientes viajes en avión por la propia Alemania, o imprimir al menos las tarjetas de embarque o facturar el viaje online, porque el circo se repetiría en los cuatro vuelos de avión, con los correspondientes gastos...

Empezaba pues de muy buena forma el viaje, y para Álex, casi de casualidad, porque ya en el aeropuerto de Barajas llegó con el tiempo justo de poder embarcar, lo que era una señal del show que tendríamos de viaje...

 

Tras llegar a Berlín, y coger el tren, lo que más me llamó la atención fue ver una ciudad con un aspecto a la par que descuidado y viejo (vagones que parecían los de los años 80 en Madrid), con un toque alternativo y con gente de mente muy abierta. Era común cruzarte con gente con "pintas" espectaculares, ya fuera pelos de colores, crestas, chupas de cuero, tatuajes, rasgos afeminados a tope, hippies... y nadie los miraba con caras raras, si no que era algo normal, lo cual me sorprendió bastante, ya que ese tiepo de mente abierta por Madrid aún era difícil de ver, y fue una de las cosas que más me llamó la atención de Berlín, y es que en esta época aún conservaba su aire de ciudad rebelde, con un montón de gente viviendo de forma alternativa y a su manera, en casas ocupadas, edificios abandonados, viviendo de la autogestión, ventas en mercadillos, etc.

Desde que salimos de casa a eso del mediodía, con tanto lío de cambio de aviones y conexiones en metro, hasta entrada la noche no conseguimos poner pie en el hotel. Nuestro alojamiento estaba en la parte de Berlín Oeste, era el Hotel Sickinger Hof, situado al lado de la parada de Metro de Beusselstraße. No estaba mal situado, aunque obviamente tocaba transporte público para todos los desplazamientos.

Para todos, menos para el primero que hicimos, ya que a las 21h de la noche nos pusimos a andar dirección centro de Berlín, tras preguntar a un capullo germanoturco de una tienda de alimentación, que nos dijo que al centro llegábamos en unos 20-30 minutos andando como mucho, y el paseo fue de más de una hora... Desgraciado, aún me acuerdo de él, y de la camianta que nos hizo hacer por fiarnos de él... Así, tras el paseo eterno atravesando el Tiergarten en una fría noche, conseguimos llegar a los pies de la famosa Puerta de Brandenburgo, la cuel estaba iluminada con un colorido que la hacía aún más espectacular. antes de llegar hasta allí, eso sí, tocó una sesión de ftoos al lado del Memorial de los soldados Soviéticos, que hay en el propio parque a escasos metros de la Puerta de Brandenburgo.

Era viernes y teníamos ganas de fiesta y de conocer la ciudad, así que hacia el centro del Berlín Este que nos dirigimos, acabando en la famosa casa Okupa de Tacheles, allí en un grandioso edificio de más de 5 plantas, con empleados de seguridad en las entradas, estaba una de las casas ocupas más famosas de Berlín desde los años 90 (junto con la de Kopi). Era un edificio medio en ruinas desde la Segunda Guerra Mundial, con una mezcla de centro cultural, en donde los artistas locales exponían sus obras, y varios bares en sus plantas, que congregaban a toda la gente alternativa de la ciudad. Para nosotros era algo muy novedoso, al no existir nada similar por Madrid, y allí estuvimos tomando algo en el patio interior del edificio. Era considerado el centro cultural alternativo más famoso de Berlín hasta su cierre en 2012, y es que casi todo el Berlín Este ha pasado en los últimos 10-15 años de ser una zona "pobre" con precios baratos, en donde había sobretodo gente humilde viviendo, a ser una zona donde el proceso de gentrificación social más ha tenido improtancia, convirtiéndose en una zona muy "cool" para los nuevos ricos alternativos alemanes, lo que ha ido desplazando a muchos habitantes de toda la vida hacia más a las afueras, y dejando en el recuerdo las miles de viviendas vacías antes y después de la caída del Muro de Berlín.

Al entrar ya la madrugada Javi y yo, decidimos que ya era hora de volver al hotel, pero Álex, con sus habituales ganas de fiesta, decidió quedarse allí, estando toda la noche de fiesta. Y es que, cuando Javi y yo nos levantamos por la mañana, Álex, aún no había vuelto de su noche berlinesa. Le habíamos dejado la puerta de la habitación y del hotel, abierta, porque no teníamos más llaves, y el móvil de Álex no funciona al ser un país extranjero, pero no había señales de él... Eso sí, cuando ya empezábamos a preocuparnos y nos diponíamos a ir al salón del hotel a desayunar, allí apareció Álex, contándonos su noche de fiesta, hablando en inglés con un finalndés, qué según él también hablaba en croata, con el que se pasó toda la noche en Tacheles de fiesta...

 

 

No había arrancado mal el viaje, sobre todo para Álex, pero tocaba aprovechar el día para poder visitar la ciudad. Ciudad, que como os contaba unas líneas atrás, es como un dos en uno, ya que al haber estado casi 30 años la ciudad dividida en dos por culpa del Muro de Berlín, cada lado fue construyendo sus parques, avenidas, plazas principales a su manera y estilo, aeropuertos (Tegel y Tempelhof en cada lado, más el actual de Schönefeld), lo cual da la sensación de que visites primero una ciudad y al otro lado otra totalmente diferente. No obstante, la parte de Berlín Este es la que más ambiente tiene, y la que conserva la mayor parte de los edificios y lugares más interesantes y visitados, todo hay que decirlo.

 

La primera parada obligatoria era sin lugar a dudas el Muro de Berlín, o mejor dicho, lo que quedaba de él. Así, nos dirigimos en primer lugar al Memorial y exposición oficial que hay dedicado al Muro en el Dokumentationszentrum Berliner Mauer, en la calle Bernauer Strasse, en donde se pueden contemplar fotografías y un trozo del Muro de Berlín, tal y cómo era hace 30 años antes de su demolición. La siguiente parada, también relacionada con el Muro, era otra más alternativa, en la calle Mühlenstrasse, en donde se conserva el tramo más largo del Muro, que ha pasado a llamarse East Side Gallery, ya que está todo decorado con graffitis y murales de artistas locales, y algunos de ellos representan algunas de las escenas más simbólicas de los años de la Guerra Fría, como el mural del famoso beso de hermanamiento entre Breznev y Honecker conmemorando los 30 años de la RDA, o el que representa a un Trabant (típico coche popular de la RDA) rompiendo el muro... La tarde de ese día, Álex y Javi la acabaron pasando en el hotel descansando de toda la fiesta de la noche anterior, y cogiendo fuerzas para salir de nuevo esa noche a ver el Berlín nocturno, mientras que yo me fuí a ver un mercadillo que ponían en el Tiergarten, para intentar comprar algunos juguetes de Playmobil que coleccionaba en esa época, y buscar tiendas futboleras, en donde hacerme con alguna reliquia de los equipos de fútbol berlineses, especialmente del BFC Dynamo o del 1. FC. Union, pero sin éxito, por lo que acabé comprando algún recuerdo del Muro y una pequeña bandera de la RDA.

A la noche haríamos lo que no hicimos por la tarde, y es que acabamos el día a eso de las 4 de la madrugada, tras visistar la Postdamer Platz, núcleo principal de lo que fue el Berlín Oeste, hoy día, convertida en un gran centro comercial moderno, con nuces de colores muy llamativas, y completando la noche con la otra plaza histórica de la ciudad, ya en el Berlín Este, la famosa Alexanderplatz, y su Reloj Mundial o la Torre de Telecomunicaciones de Berlín.

 

El siguiente día, ya con cansancio acumulado en el cuerpo, al dormir pocas horas la noche anterior, nos dirigimos ya en el centro de la ciudad (haciendo viajes en tranvía en formato "gratis" todo hay que decirlo...), a ver la zona del Checkpoint Charlie (famoso cruce fronterizo) plagado de turistas, para continuar con la vista de la Puerta de Brandenburgo, pero esta vez en formato diurno, y llamándonos la atención los famoso muñecos de los semáforos del Berlín Este tan característicos. Estuvimos también paseando por las afueras del edificio del Recihstag, al que no entramos por falta de tiempo al haber colas espectaculares, y completando la visita de la zona con el Monumento a los judíos asesinados en Europa, en donde hay casi 3.000 estelas de hormigón, cada de un tamaño y que forman una espcie de laberinto, en el que muchos niños pasaban el rato jugando al escondite, alejados del significado real de dicho monumento. el último parón del día esa mañana sería de nuevo la Postdamer Platz, pero esta vez también de día, para pdoer compararla con la de la noche anterior.

Allí, cogeríamos el tren que nos llevaría hacia la ciudad vecina de Potsdam, tren en el cual fuimos acompañados de un africano que hablaba español, que se dedicaba al trapicheo de matrículas y con el que estuvimos manteniendo una conversación muy interesante acerca del día día en Berlín. La llegada desde la estación de tren hasta la zona de los palacios del Parque Sanssouci se hizo eterna, porque nos equivocamos al ir caminando y rodeamos todos los jardines por la parte exterior sin poder acceder a ella de ninguna forma. La historia de la importancia de Potsdam, hay que buscarla en el siglo XVI, cuando se construyó por primera vez un refugio de caza en la zona, que años después, en época de Federico II de Prusia (El Grande), se transformaría en lo que es hoy día, constituido como la residencia de verano de los reyes con espectaculare jardines y grandes palacios, como el de Sanssouci (en francés significa sin preocupaciones), famoso por su estilo interior rococó, o los edificios del Palacio Nuevo o la Orangerie.

Allí, estábamos los tres amigos, paseando y contemplando estos espectaculares jardines, que unidos a los arboles naturales del lugar, daban al entorno una sensación idílica, lo que haría que incluso nos sentasemos un buen rato a charlar y descansar en el cespéd, alegrando nuestros ojos. De todos los edificios el más famoso es el propio Palacio de Sanssouci, al que se llega tras subir por unos jardines escalonados que dan aún mayor grandeza al edificio, acompañados de nuemerosas fuentes, todo ello en un etnoro idílico, que hace trescientos años debería ser espectacular como zona de recreo, descanso y caza para los reyes prusianos, y entre todos los jardines, como camuflado entre ellos está el Pabellón Chino, construido también en época de Federico El Grande, y cuyo nombre procede del estilo de su fachada exterior, y por conservar una cocina china en su interior.

Nosotros también nos acercamos a ver la zona de la montaña de ruinas o Ruinenberg, allí hay una serie de edificios en "falsas ruinas" que mandó levantar Federico II, para dar un poco más de estilo e importancia a la zona en la que se había edificado un tanque de agua que abasteceía a las fuentes de Sanssouci. entre esos restos en ruinas se pueden ver lo que asemeja a una torre normanda, un teatro romano, un templo griego, una pirámide... No pudimos ver nada más de la ciudad porque se nos echaba el tiempo encima al tener que volver a Berlín, pero sí es recomendable si podéis, intentar dar un paseo por el centro histórico de la ciudad, aparte de ver los jardines.

 

El siguiente día en Berlín sería el último en el que estaríamos en la ciudad, ya que a la tarde tocaba desplazamiento en tren hacia Dresde. La mañana la usamos para visitar el Museo de la Stassi, en el que se puede contemplar las estancias desde donde el servicio de espionaje alemán realizaba sus funciones, junto con furgonetas para los detenidos, así como las salas de interrogatorios (y probablemente de tortura), y siendo lo más interesante, las celdas de los calabozos, donde podías entrar y fotografiar hasta el más mínimo detalle. La verdad, es que estar allí dentro impresiona bastante, por el recuerdo de lo que significó la Stassi, a pesar de que en mi caso ya había visitado la cárcel de Carabanchel, y que nada me ha llegado a poner tanto los pelos de punta como la derruida cárcel madrileña. Si que es verdad, que si algo han hecho bien los alemanes en su reunificación, es poder abrir y tener acceso sin restricciones a todos los archivos de la Stassi, con lo que ello ha significado en temas políticos, deportivos, familias..., lo cual es envidiable en "nuestra" España, en donde la famosa transición ocultó 40 años de dictadura...

 

La llegada a Dresde en tren la hicimos esa tarde. La primera impresión que tuve de la ciudad sajona, fue el ver un estilo de edficios muy sobrios y fríos, que tanto me recordaban a la época de la Guerra Fría, y es que salvo el casco histórico, el resto de la ciudad no tiene nada de especial. Eso sí, la ciudad en conjunto, está bañada por el río Elba, y las orillas del río están plagadas de inmensas zonas verdes, con paisajes espectaculares, en donde ese verano hacían conciertos y cine al aire libre, todo ello en una ciudad rodeada por zonas verdes y bosques por todos lados, a pesar de ser la capital y ciudad más poblada de la región de Sajonia. En su momento llegó a ser considerada Patrimonio de la Humanidad, pero lo perdió al construir un puente nuevo que cruzaba el río cerca del caso histórico. Aún así, se la conoce como la "Florencia del Elba", por la cantidad de edificios históricos y culturales que conserva, la gran mayoría de estilo barroco.

La historia de Dresde eso sí, no se puede desligar de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, allá por Febrero de 1945, que peroretados por las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses, destruyeron toda la ciudad, tras caer en ella la friolera de 4.000 toneladas de bombas explosivas, que provocaron una tormenta de fuego que arrasaría con todo el casco histórico, causando la muerte además de más de 40.000 muertos, y bombardeo del que todavía en la actualidad se discute si realmente fue necesario o fue un crimen de guerra contra la población civil de la ciudad.

Eso sí, Álex, estuvo a punto de quedarse casi en tierra en Berlín, porque cuando estábamos en la Estación Central de Berlín, se dejó sus billetes de tren en la mesa de un bar en el que habíamos comido, dándose cuenta del percance justo apenas dos minutos antes de la salida del tren, y teniendo suerte de que nadie se hiciera con su billete, teniendo que ir a buscarlo a la carrera subiendo y bajando pisos a toda velocidad para no perder el viaje, lo cual haría que en ese momento nos asustarámos todos de la situación, pero luego nos sirviera para echarnos unas buenas risas.

El hospedaje en tierras sajonas fue en un albergue, en donde la historia curiosa vino cuando nos tocó entrar a la habitación, al ser todo mixto, había una chica joven alemana allí, que debió asustarse o vernos cara de violadores en proceso, y al rato ya estaba en otra habitación, quedándonos los tres solos en la habitación, jajajaja. Pero bueno, como dice el refrán, mejor solos que mal acompañados, ¿verdad?. Esa tarde ya empezamos a pasear por el caso viejo de la ciudad, por la zona cercana a la plaza Neumarkt, tomando unas cuantas fotos de la Frauenkirche (importante iglesia protestante de Dresde). En el caso viejo, por culpa de esos bombardeos, todo es reconstruido, pero sinceramente si nadie te lo dice, daría la sensación de estar viendo los edificios en el mismo estado en que se construyeron. Por las horas de la tarde noche que eran no pudismoe netrar a visitar ningún edificio, pero si pasear por la Plaza del Teatro, y contemplar la Hofkirche (Catedral Católica de Dresde), auqnue las vistas más bonitas de la ciudad estaban en la Schlossplatz, con la citada iglesia y los edificios de estilo sajón a tus espaldas, y el río Elba y el Puente de Augusto con todo su esplendor enfrente tuya.

Antes de cenar, paseamos por las orillas del río, viendo el ambiente tan interesante y juvenil que había en la ciudad, cenando en un bar turco una incomestible pizza de guindilla (pensando que era de pepperoni), ante las risas de Álex y Javi, y de los camareros del bar. La noche la acabamos tomando algo en uno de los varios bares que había cerca del albergue, con mucha marcha para ser un lunes, donde los alemanes se tomaban sus bebidas sentados en el suelo en las afueras de los bares...

Al día siguiente ya por la mañana, con un día estupendo de sol y luz clara, tocaba la visita obligada del Palacio Zwinger, un gran edificio de estilo barroco, construido en el siglo XVIII, y que no sólo destaca por su estructura y forma, si no por los jadrines que tiene en su interior. Está rodeado de un pequeño estanque de agua, y para acceder a él hay que pasar por un puente que da acceso a la Puerta de la Corona (Kronentor). en la actualidad en el interior de las salas hayvarias colecciones de arte, nosotros no entramos en ninguna estancia cubierta, ya que nos quedamos paseando por los jardines y fotografiando por ejemplo la Fuente de las Ninfas (Nymphenbad). De allí, continuamos con el paseo matinal de nuevo por la Plaza del Teatro, con la estatua del rey Juan I de Sajonia en su centro, hasta llegar al Fürstenzug (Desfile de los Príncipes), que era un mural en forma de mosaico con azulejos de porcelana (el más grande del mundo) que representaba un desfile de jinetes y representaba a los monarcas de la casa de Wettin (de la zona de Sajonia) desde el siglo XII hasta el siglo XX, y además es de lo poco que sobrevivió casi intacto a los bombardeos de la guerra. En todo el cacso histórico de Dresde es recomendable que también visitéis la Semperoper (Ópera Semper) considerada una de las joyas de la arquitectura teatral mundial, el famoso Dresdner Residenzschloss (Palacio de Dresde) que aúna varios estilos arquitectónicos, desde el románico hasta el barroco.

 

No daría más de sí nuestra visista a tierras sajonas, ya que ese día a mediodía cogíamos el bus de retorno a Berlín, donde estaríamos un rato por la tarde, para ir luego al aeropuerto a hacer noche hasta la mañana siguiente en que salía nuestro vuelvo dirección Frankfurt, donde nos esperaba otro bus hasta Heidelberg. Esa tarde en Berlín, apenas tuvimos tiempo para mucho, salvo para ver los restos de la Igleisa evangélica Memorial Kaiser Wilhelm, destruida en la Segunda Guerra Mundial, y que se ha conservado tal y como quedó en el conflicto bélico, como memorial de los desastres de la guerra.

 

 

 

La llegada a Heidelberg la hicimos en bus desde el aeropuerto de Frankfurt. Había ganas de pisar la zona sur de Alemania, y es que a los tres nos habían hablado muy bien de la zona famosa de la Selva Negra, así que allá que íbamos. En el viaje pasamos pro la ciudad Mannheim y no tenía mala pinta para haber hecho una parada, pero en nuestro caso no pudo ser. El alojamiento en Heidelberg lo teníamos en un albergue muy cerca del caso histórico. La ciudad está siutada al lado del río Neckar y cuenta con la universidad más antigua del país, al igual que su Biblioteca Pública, aún en funcionamiento. Además no hay que olvidar que en entorno de esta ciudad se encotnró en 1907 una mandíbula de lo que luego pasó a llamar Homo Heidelbergensis, que habitó hace unos 600.000 años.

A nuestra llegada lo primero que llama la atención de nuestros ojos era obviamente el gran Castillo de Heidelberg, del siglo XII, que se sitúa en lo alto de una montaña, etsando el resto de la ciudad a sus pies. Aún así, lo primero que tocaba esa tarde era paseo por el centro de la ciudad, especialmente en el entorno de la Marktplatz, donde se situaba la gran Iglesia del Espíritu Santo, desde la que hay unas vistas excelentes de la ciudad. A su alrededor y en un estilo de casas que no tenía nada que ver con el norte de Alemania, se distribuían multitud de puestos que vendían productos típicos de la zona, souvenirs, etc., todos ellos vestidos con los típicos trajes de la zona, al estilo bávaro o alpino.

Continuamos la visita paseando a orillas del río Neckar, por el puente Theodor Heuss, hasta llegar a los jardines a orillas dle río, llamados Neckarwiesse, justo en la otra punta de la ciudad, desde donde la panorámica de la ciudad era muy bonita. La vuelta al caso viejo, la hicimos todo el rato por la otra orilla, hasta llegar al Puente Viejo del siglo XVIII, y parándonos a hacer unas cuantas fotos para el recuerdo en el Brückentor o Puerta de Heidelberg, allí al lado está una pequeña estatua de bronce de un mono, con un espejo y dos ratones pequeños a su lado. La historia cuenta que el mono daba la espalda a la parte cristiana de la ciudad y saludaba a la parte protestante de ella (Y es que aquí las 95 Tesis de Martín Lutero tuvieron muy buena cogida en la Universidad), y también hay una tradición que dice que quien coja el espejo del mono con la mano derecha vuelve a la ciudad, y el que toque a los dos ratoncitos tendrá descendencia, de ahí que todos nos hiciésemos la foto correspondiente tocando esas partes... Así acababa el primer día la ciudad.

 

El siguiente nos esperaba la gran visista al Castillo, pero antes de subir hasta él, fuimos a ver la Universidad más antigua de Alemania, allí por fuera los edificios no dicen nada del otro mundo, pero se puede entrar a ver su Biblioteca, considerada también la más antigua de Alemania, así como el salón de actos, y en otro edificio anexo, lo que se llamaba la Cárcel de Estudiantes, en donde hay pintadas en las paredes hechas por los propios estudiantes allí castigados.

 

A media mañana ya partimos caminando cuesta arriba hacia el Castillo de Heidelberg. Allí dentro no hay mucho que ver, lo mejor y más recomendable es pasear por sus jardines del interior (con fuentes dedicadas a Poseidón) o contemplar las vistas de la ciudad desde lo alto, lo que da una perpectiva muy interesante de cómo debió ser la ciudad en la Edad Media y Moderna. Pero si algo suele recibir visitantes allí dentro, es el famoso barril de vino, considerado el más grande del mundo, hecho de madera en torno al siglo XVII-XVIII. En su origen parece ser, que eran cuatro los barriles que había dentro del Castillo, pero sólo se conserva uno, que tiene capacidad para unos 200.000 litros, que en su momento iba destinado a llenarse del vino procedente del pago del diezmo, y solían durar alrededor de unos 60-90 días cada uno de ellos.

Tras pasear por las afueras del Castillo y de nuevo por la tarde por la ciudad, nos iríamos pronto a la cama, al tener que madrugar bastante al día siguiente, para volver a Frankfurt, desde donde tomábamos el vuelo de vuelta a casa...

Era mi primera vez en Alemania, pero con ganas de repetir, tanto el norte como el sur.

 

Gracias!!!

Rally.

 

ÁLBUM FOTOGRÁFICO. (pasa sobre las imágenes para verlas en grande).

 

¿Dónde está Rally?