PAÍSES VISITADOS

ITALIA

Mayo 2019: Milano, il Lago di Como y Bérgamo.

 

 

Pues nada, que el 2019 prometía ser un buen año en lo que a viajes se refería, y tras conseguir dos días libres en el curro (ahora los llaman de libre dispocisión...), decidí hacer las maletas (bueno, la mochila, que las maletas y yo, no somos buenas amigas), y pillar un vuelo barato de Ryanair a tierras lombardas. No conseguí engañar a nadie para tal aventura, así que toco partir en formato solitario (convencería después a mi hermano Juan, que un mes después haría la misma ruta que yo).

El viaje transcurriría por la capital lombarda, la grande y famosísima cuna de la moda italiana, Milán, y acabaría en la vecina Bérgamo, desde donde salía el vuelo de retorno a casa, pero entre medias daría tiempo a hacer una visita a la zona del Lago de Como y su entorno, la cual es muy recomendable, todo hay que decirlo.

 

Y bueno ya sabéis la historia de de los vuelos baratos de Ryanair y sus horarios, así que allí que me planté a las 01'00h de la madrugada en el centro de Milán, tras pillar el último bus desde el aeropuerto. El problema es que a esas horas ya había cerrado el metro, por lo que sólo quedaba la opción de taxi o pateo hasta el albergue hostel que había pillado (Hostel Colours), el cual se encontraba a casi una hora andando desde la plaza del Duomo, pero con buena comunicación de Metro y tren al estar situada cerca de la estación de Lambrate, y ser de las pocas opciones que había baratas y con desayuno incluído. Tocaba eso sí, volver a acostumbrarse a dormir en una habitación conjunta con más gente, y lo que ello conlleva de molestias por la noche especialmente.

El pateo hasta el hostel, estuvo interesante, máxime cuando tenías que recorrer zonas "chungas", donde se te acercaban en los alrededores de la estación,vendedores africanos de sustancias prohibidas con formas un tanto amenazantes, que te decían algunas cosas no relacionadas con la droga, y más con ganas de sacarte algo de pasta, pero que al ser en italiano, había la ventaja de no entender nada, así que les iba mandando a tomar por culo poco a poco, todo ello, amenizado con una ligera lluvia, que tras más de 40 minutos andando, haría que llegara encharcado, y menos mal que iba preparado con un abrigo de la nieve, que algo hizo...

El hostel estaba muy bien la verdad, con salas de juego, comedor, televisión, minibar, recepción 24h, limpieza, etc. (si volviera a Milán, probablemente lo elegiría a pesar de lo incómodo que es ir a un albergue). Las habitaciones eran mixtas, sobretodo había gente joven, estudiantes y mochileros; en la que me tocó yo pensaba que sería de los últimos en llegar, pero aún los habría que llegaron más tarde que yo, y es que cuando ya estaba en la cama, llegó alguno dando luces y armando un jaleo espectacular al desmontar mochilas y demás...

La mañana siguiente me esperaba visita por la ciudad milanesa, sólo tenía un día para verla, ya que al día siguiente la visita al Lago de Como me comería todo el día, y el último día lo dejaba para ver Bérgamo, durmiendo la última noche en el aeropuerto...

 

Tras el pertienente desayuno en el albergue, me decidí a ir andando hacia la plaza del Duomo, donde tenía contratada una visita guiada, del estilo Free Tour. El problema fue que decidí ir atajando por las calles para llegar antes y conocer otras zonas, y al final lo único que hacía era dar vueltas sobre el mismo punto, y eso que a ratos iba tirando de google maps, pero es que esa zona de Milán me parecía toda igual... A lo que había que añadir las odiosas rendijas que hay en el suelo, con dormas alargadas, que según las pisabas con el suelo mojado era un peligro espectacular, y la caída al suelo era más que probable si te despistabas un poco.

Pese a todas las adversidades internas y externas, conseguí llegar con tiempo a la plaza, y contemplar la famosa Catedral de Milán, que tanto había estudiado años atrás, y a la que no entré ni subí a su parte alta, por un lado por falta de tiempo, y por otro lado por haber colas espectaculares... Hasta que empezó el Free Tour, me dio tiempo a hacerme unas cuantas fotos en la zona (aunque unos asiáticos a los que ma acerqué para pedirles unas fotos, salieron huyendo, los desgraciados se pensaban que iba a pedirles pasta, robarles o algo, porque vaya pareja..., pero es lo que tiene ir en chandal de turista, jajaja), e incluso ver un poco la Galeria Vittorio Emanuele, pero había mucha gente por todos lados, a lo que había que sumar que esos días Milán era la sede de una concentración anual de clubes de alpinismo y montaña de toda Italia, y tenían ese finde toda la ciudad plagada de puestos de comida, espectáculos, música...

 

La mujer que nos hacía de guía, era una cubana emigrada allí años atrás, muy bromista, pero que explicaba muy bien la historia de la ciudad. Estuvimos viendo la citada Plaza del Duomo con la catedral, después nos llevó a ver una iglesia plagada de cráneos de antiguos muertos (Iglesia de San Bernardino alle Ossa), después contemplamos la fachada y el interior de la Universidad de Milán, muy recomendable, y en donde había en el interior una escultura de un unicornio muy llamativa, posteriormente llegamos a la zona del Castillo de los Sforza, la gran familia banquera de Milán en la Edad Moderna, y acabamos en la Galeria Vittorio Emanuele.

En esta Galería plagada de tiendas de alto standing, del lujo de la moda y joyerías, hay que fijarse en el techo y la luz que entra en ella, pero también en el suelo, que están decorados con los escudos que representan las 4 capitales de Italia. El de la cruz roja es Milán, la Loba hace referencia a Roma, el Lirio de Florencia y el Toro a los vecinos de Turín. Este último es que tiene una tradición que todos al pasar por ahí cumplimos, y que radica en la rivalidad que mantienen las ciudades de Milán y Turín por ser la líder en el norte de Italia, según esa tradición, hay que pisar con el tacón o talón los genitales del toro, dándo 3 vueltas sobre tí mismo sin levantar el talón del suelo, a su vez, has de pedir un deseo, lo que hará que se cumpla tu deseo y que vuelvas a Milán. Yo, para que veáis lo que creo en estos circos, no tengo ni idea de qué pedí, pero ganas de volver a Milán a ver algo de fútbol o visitar lo que me faltó por ver, si que tengo, sí...

Tras despedirme de la guía, tocaba buscar un sitio para comer (pizza obivamente, aunque el plato típico milanés era el Risotto, siendo la pasta y pizza más típicas del centro y sur), y donde supe lo que era un robo a la italiana, al cobrarte precios escandalosos por pizzas mierderas, a las que las del DIA dan mil vueltas, todo ello, sin contar que tenías que pagar aparte el servicio de mesa que no era nada barato, y una mísera pizza con un refresco te salía por más de 25€..., lo que haría a partir de ese día, no me sentara a comer en ningún resturante, si no, que tirara de cosas a llevar (pizza, bocadillos, ensaldas... y si había hambre pues helados al estómago, que para algo estába,mos en Italia, y eran 3 días que pasaban volando...).

 

 

 

Una vez dejado el estómago lleno, me fuí andando hasta la Iglesia de Santa María delle Grazie, para intentar entrar a ver la gran pintura de La última cena, de Leonardo Da Vinci, pero como soy un desastre había que ir con entrada reservada tiempo atrás, cosa que no llevaba yo, y es que a gañán no me gana nadie la verdad, y al planear mi viaje a Milán, se me pasó por completo que etsa obra estaba allí para poder visitarla... y no me di cuenta hastaq ue la guía nos lo explicó, y sí, madre mía, cualquiera diría que tiene que ver con oficio... Gañanismo nivel 2.0. sí.

Pues nada, me fastidió un poco, pero al ver los precios de la entrada no tanto, así que me fuí de nuevo a pasear por los jardines del Castillo de los Sforza, los cuales estaban la mitad de ellos capados, por el rollo de la concentración de los montañeros de los cojones..., así que, unas cuentas fotos, un paseo por el centro de nuevo, y tras el aburrimiento de turno (se nota el viajar solo, por muchos datos de internet que tengas para no aburrirte), y no tener nada más que visistar por allí sin dejarme los cuartos, decidí coger el metro hasta el estadio de fútbol San Siro. En Milán el metro es de pago obviamente, pero tienes que ser tú el que piques el billete, y hasta que no lo piques y valides no funciona, con lo cual decidí pillar uno sin validarlo, hasta que pasara un revisor, y así ahorrarme unas pelas en traslados los días de viaje, y así hice... Algunos lo llamarán picaresca española, otros mal ciudadano, pero bueno, después de los precios que encontraba en todo por la ciudad, no había ganas de gastarme más pasta.

 

 

Al llegar a las inmediaciones del estadio, ya se respiraba el ambiente de fútbol, con muros de las fachadas decorados con pinturas de fútbol, tanto del Inter como del Milán. No obstante, lo que parecía ser una visista espectacular de uno de los estadios más famosos y grandes del mundo, me pareció una mierda pinchada en un palo (hablando en plata oiga), y es que el precio por entrar era carísimo (pero después de haber llegado hasta allí, como para darse la vuelta sin entrar), y lo que visistas es una castaña, porque entras en una sala de trofeos y fotos de la Asociación de Fútbol Italiana, ves unos vestuarios super artificiales, sin nada del otro mundo, y te dejan sentarte en la zona de tribuna baja, y es que las salas de trofeos de ambos clubes están en sus ciudades deportivas, al ser el estadio de propiedad municipal, por lo que la visita tiene escaso interés. Y así pasaba, que había un grupo de 3 rusos o polacos y yo, lo cual demostraba el tirón que tenía las visitas... Y es que el estadio impresiona más por fuera, que lo que ves por dentro... Pero claro, un buen futbolero como yo, si iba a Milán no podía irse sin pisar este estadio de infausto recuerdo en las finales europeas...

 

Una vez termianda la visita del estadio, tocaba retorno (by free) al hostel, previa comida de pizza (again) en un italiano de la zona, para acabar por la noche viendo el partido de fútbol del Chelsea-Eintracht Frankfurt de la Europa League, en una televisión del hostel, acompañado por un ucraniano fanático del Valencia CF, y un argentino en busca de trabajo en la zona, aficionado del C.A. Huracán (si no me falla la memoria), con elq ue estuve charlando tanto de fútbol, como de turismo argentino (él había currado unos años en San Carlos de Bariloche, la entrada a la famosa Pampa argentina), así como del tema papeles e inmigración (y es que me explicó un poco los acuerdos que había entre Argentia y algunos países europeos, como Dinamarca, Italia... para dar visados de trabajo a muchos que tuvieran ascendencia europea). y la verdad es que se agradecía mucho poder charlar en tu lengua estando lejos de casa. una pena no recordar su nombre.

 

 

Al día siguiente tocaba madrugar para ir a visitar el Lago de Como y los pueblos de su zona. Así que me puse en marcha, para llegar en metro a la estación central de Milán, donde esperé un rato hasta que salió el tren dirección hasta la ciudad de Como, y darme cuentas una vez en el tren que éste pasaba por la estación que había al lado de mi hostel (la cara tonto que se te queda es épica, y eso que lo había preguntado y mirado en internet..., en fin). Una vez llegado a la ciudad de Como, lo primero que hice fue pillar el ticket de barco antes de que llegara más gente, y aprovechar el tiempo libre para pasear por la ciudad y su casco viejo, la cual es muy bonita y de estilo medieval, destacando por encima de todo la Porta Torre y la Catedral de Santa María, muy similar a la de Milán, con toda la fachada de mármol blanco. Allí aproveché para pillarme algo de comida que llevarme a la boca para el resto del día.

Tras hacer la cola pertinente de entrada al barco que recorría el Lago de Como, tocó subirme y ver los espectaculares paisajes de la zona, (y eso que no eran barcazas sin techo por lo que las vistas por las ventanas impresionan menos). Todo era verde, y casas a orillas del lago que todas me resultasban espectaculares. Debe ser una pasada, residir en alguna de ellas, al menos en verano que hace buen tiempo, porque los inviernos con los Alpes tan cerca deben ser épicos. Además, el Lago de Como revista un especial encanto, no sólo por el paisaje y el entorno, si no por tener lugar aquí un hecho histórico, como fue la detención de Mussolini y su posterior ejecución, en abril del año 1945.

 

La ruta que yo iba a hacer no era la típica de ida y vuelta al pueblo de Bellagio, si no que tras informarme, esta vez bien a fondo, desde Bellagio tomaría otro barco hacia Varenna, y de allí ya un tren directo a Milán.

Bellagio es una pequeña ciudad plagada de turistas, con restuarantes y comercios orientados al turismo por todos lados, pero aún así es muy bonita, y pasear por sus calles todo un placer, amén de sentarte en uno de los bancos del paseo y contemplar las vistas del lago y las montañas, todo ello plagado eos sí, de cuestas por todos lados. Tras el pertinente desfile por este pueblo, tocaba pillar otro ferry hacia Varenna. También había mucha gente, aunque quizás menos que en la anterior, y a mí me pareció más bonita, también con calles y puentes que pasaban por encima del lago, en donde las vistas eran especatulares, plazas donde los niños del pueblo jugaban al balón alejados del turismo que se quedaba en la zona del puerto, etc. Lo único que quizás no recomiendo es la subida al castillo, al menos a mí me salió un poco mal, porque pensaba que habría algún mirador o algo, pero era sólo una torre con entrada de pago en lo alto del pueblo, así que el paseo andando en medio del bosque no me sirvió para poder contemplar las vistas al no pagar la entrada de algo que no me atraía nada... Lo más bonito de todo obviamente, eran las casas de colores en el pueblo, que tanto me recordaban a las fotos de las potales o los típicos puzzles de paisajes italianos. Muy recomendable.

Tras la visita, tocaba buscar la estación en lo alto del pueblo, justo en la otra punta, y esperar a la llegada del tren. Del cual ya tenía billetes comprados nada más llegar al pueblo en el ferry, porque había leído por internet que mejor pillarlos con tiempo porque las taquillas las cerraban pronto, y así hice, aunque tonto de mí, porque el billete se podía comprar también en el tren al revisor, el cual no pasó en mi viaje hasta Milán, y podría haberme ahorrado unos cuantos eurillos... Una pena, por ir esta vez de bueno y legal con mis billetes comprados, jajaja.

 

 

 

El último día tocaba vista de Bérgamo, así que tocó madrugar aún más para poder expimir el día. Pillando el tren a primera hora de la mañana en la estación central milanesa, lleando muy rápido a Bérgamo, y dejando la mochila en las taquillas que hay al lado de la estación (no sin problemas, porque de ellas se me tragó 4€, al no leer el cartel de que estaba averiada y no devolverme la pasta..., empezaba bien el día).

Tras el pequeño incidente de llegada, y el posterior paso por la oficina de turismo, empezaba la visita de la ciudad bergamasca, de la que tanto había oído en temas futboleros. La ciudad está dividida en dos partes, la parte alta, que es la citta vecchia o alta (la parte antigua) y la parte baja, donde estaba la estación de tren y los edificios más nuevos y amplios. Allí en la zona baja lo primero que hice fue acercarme a la tienda del Atalanta BC, donde esperaba poder pillar alguna prenda de recuerdo y una entrada para el partido de fútbol que disputaba el equipo esa tarde contra la Sampdoria. Pero no tuve suerte, por un lado, porque la ropa tenía precios de equipo top mundial (cuando no olvidemos que el Atalanta es un equipo modesto de Italia), y por otro lado, porque el equipo no jugaba esa tarde en su estadio habitual, si no que lo hacían en Sassuolo, por obras en el estadio, así que una pena, porque se me trastocaban los planes bastante.

La subida al casco viejo en la parte alta de la ciudad, se puede hacer andando o en un funicular hasta la zona más turística, donde está la Basílica de Santa María, la Catedral de San Alessandro, y algunos campanarios interesantes de fotografiar. Todos los edificios giraban en torno a la Plaza Vecchia, y las calles peatonales de su alrededor, con un estilo medieval muy característico y tradicional.

 

La parte alta está coronada por el conocido como Rocca di Bergamo, una fortificación meideval, convertida hoy día en restaurante y hotel, a la que se puede subir en otro funicular o andando, para contemplar las vistas de la ciudad desde lo más alto. yo en mi caso decidí subirlo andando ya que me sobraba tiempo, y así hacía algo de ejercicio. Las vistas están chulas, pero si vas falto de tiempo, allí arriba no hay nada que ver, salvo cuatro muros de lo que fue la fortificación y poco más.

Un poco decepcionado, a la par que cansado, al esperarme algo más interesante, volví a desandar lo andando, aunque esta vez cuesta abajo, estando un rato tomando unos dulces y helados en la plaza, contemplando el ambiente lleno de turistas, y paseando un rato por sus calles hasta que llegó la hora en que empezaba el partido de fútbol, intentando buscar sin éxito un lugar donde poder ver el encuentro.

 

Visto que los únicos bares que ofrecían el partido, eran más bien o restuarantes o que ni siquiera ellos lo sabían, decidí bajarme andando hasta la zona cercana al estadio Comunale, donde encontré gracias al Twitter uno de los pocos bares de peñas del club, en el que poder ver el partido, así que ahí junto a una gran mayoría de abuelillos, (los jóvenes estarían acompañando al equipo) estuve viendo una victoria super importante para el equipo bergamasco, en sus aspiraciones de jugar la Champions League el curso siguiente.

 

Tras el pitido final y aún con media tare por delante, volví a dar un paseo por la parte baja, donde había una concentración con música de colectivos pacifistas, lo cual haría que me entretuviera un rato, hasta acabar tomando algo en un McDonald's al lado de la estación de tren. Allí haría un rato tiempo, antes de irme en bus al aeropuerto, con tiempo más que suficiente, porque el vuelo salí al día siguiente al amanecer, aprovechando para visitar un centro comercial cercano al aeropuerto, en el que acabé cenando mientras veía el fútbol italiano, y aprovechaba para recargar la batería del móvil, porque en toda la zona de sala de espera del aeropuerto, sólo había un cargador en uno de los baños masculinos...

Tocaba pasar la noche en el aeropuerto, en el que todos los aseintos estaban ya completos tiempo atrás, así que tocó hacer noche en el suelo, sin apenas pegar ojo, por los ruidos del personal de limpieza y mantenimiento, pero al menos contento por haber pisado suelo italiano por primera vez, y muy agradaddo por lo que habían visto mis ojos esos tres días y medio...

 

Gracias!!!

Rally.

 

ÁLBUM FOTOGRÁFICO. (pasa sobre las imágenes para verlas en grande).

 

¿Dónde está Rally?