PAÍSES VISITADOS

SUIZA.

Agosto 2019: Suiza on tour, Lyon, Mont Blanc... (Javi y Rally)

 

 

 

Pues nada, aquí íbamos con el que iba a ser el último viajecito del verano, y no estaba mal no, porque ibamos a acabar en tierras helvéticas, con paisajes espectaculares, y con ganas de repetir.

La idea era hacer el viaje sólo al encontrar vuelos relativamente baratos a Ginebra, porque no conseguí convencer a nadie para tal aventura, pero al final días más tarde Javi (antiguo compañero de universidad y de batallas aventureras) se unió a la fiesta, aunque de manera un tanto curiosa, porque pillo vuelos diferentes y no coincidimos en todas las ciudades, ya que él tenía la llegada y retorno en fechas diferentes, por lo que hubo dos días en que cada uno íbamos por nuestra cuenta en una punta del país...

La idea del viaje era tener como punto de inicio y de retorno la ciudad de Ginebra, desde la que salían los vuelos, por lo que se planteó un viaje con una forma más o menos circular, en donde el primer día tocaba visita a Berna, para posteriormente continucar con Interlaken en donde me encontraría con Javi por la tarde (al día siguiente tocaba subida al tren Jungfraujoch), de allí las siguientes paradas serían Thun y Zurich, nuevamente sólo, ya que Javi se quedaba más días en Interlaken, al conocer de pequeño estas urbes. El encuentro nuevamente sería en Lausana, para de allí partir direccón a Ginebra, que nos serviría de trampolín para ir a Lyon y Chamonix con el Mont Blanc, visitando el último día ya por fin la ciudad de Ginebra.

 

Volar a Suiza tiene el truco que muchos os podéis imaginar, ya que los vuelos son baratos, pero el nivel de vida allí es carísimo, sea lo que sea, sobre todo para población del sur de Europa, y es que los precios son una media de tres veces lo que se paga en España, lo que haría que tocara dormir siempre en albergues, cual quinceañero, y tirar de comida basura y puestos callejeros en la mayor parte de los casos. Además, los suizos no tienen euro, lo que era un nuevo inconveniente al tener que cambiar la moneda allí...

 

La llega en avión con Iberia hasta Ginebra fue a mediodía, pero no llegué a salir de allí, ya que me esperaba un tren que llevaría hasta Berna, una de las grandes ciudades suizas, con más encanto. Allí me hospedaba en un albergue, en una habitación con otros tres personajillos mochileros, que no hacían más que estar todo el día tumbados en sus camas conlos móviles y tablets... Ese día por la tarde ya me puse a andar y conocer un poco la ciudad (ya conocía algo de lo que me había contado mi madre, porque fue aquí donde hicieron el viaje de novios en los años 70, al tener una tía emigrada trabajando en la zona que los hospedó e hizo de guía), recorriendo lugares muy interesantes como la Bundesplatz, donde está el edificio institucional del Palacio Federal de Suiza, por los jardines del entorno de la estación de tren, donde había un grupo de iberoamericanos cantando canciones en la calle para ganarse el dinero, y luego un paseo por las calles peatonales de Marktgasse y Kramgasse, donde podía contemplar los innumerables escaparates de tiendas de chocolates, relojes, ropas, bancos.... todo de alto standing, con lo cual se apliacaba aquel dicho de se mira pero no se toca.

De allí el paseo lo acabaría en la zona del río Aar, y el puente Nydeggbrücke, en donde al lado se encuentra un pequeño parque con los famosos osos pardos de la ciudad.

El paseo vespertino continuaría en el parque Rosengarten, donde se contemplaban unas vistas de la ciudad estupendas, al calor de un banco con Albert Einstein sentado junto a tí. El día acabó con visita del Wankdorf Stadion, casa del Young Boys FC, que tan famoso había sido como sede de finales europeas, que no pude visitar por dentro, teniendo que ver sólo la tienda del club (muy cutre la verdad), ambientada con los colores amarillo y negro del equipo.

A la vuelta al albergue nueva sesión de fotos nocturna tras la cena, en donde apenas había gente por las calles, y es que los suizos no son muy marchosos por lo que se ve....

Al día siguiente tocaba visita guiada del estilo Free Tour por Berna. Fue el único lugar de Suiza en el que había esta modalidad de visitas guiadas, y es que imagino que con los sueldos que maneja la gente allí, a pocos les interesa el tema de pagos voluntarios...

La visita recorrió muchos de los lugares que yo ya había hehco el día anterior, por lo que me resultaba bastante familiar, no así las explicaciones e historia de la ciudad. Aparte de lo visto ya, estuvimos paseando por la Torre de la Prisión, por la Torre del Reloj (donde hay un reloj gigante en su parte alta, y más abajo su famoso reloj astronómico, que se ponía en marcha 4 minutos antes de la hora completa, y el cual era muy interesante de ver, por sus movimientos). Hicimos también una visita a la Catedral de Berna, donde destacaba sobremanera su tímpano decorado con escenas escultóricas del Juicio Final (con la figura de un condenado sufriendo el corte de sus testículos con unas tenazas).

Esa tarde al ya tener vista la ciudad por todas partes, y conocerla como la palma de mi mano, y es que aunque es una ciudad importante, luego son muy pequeñitas, me puse a caminar por un paseo que había al lado del río Aar, en donde había gente nadando y en colchonetas (algo muy típico en Suiza, aunque yo veía el peligro a la legua...), para acabar subiendo a un funicular que me llevaría hasta el monte Gurten Kulm, desde el cual se podían ver unas vistas de la ciudad espectaculares, pero sobre todo una panorámica de los Alpes suizos envidiable, en donde me habría quedado a ver el atardecer, si no hubiera sido porque esa tarde tenía ya el tren pillado hacia Interlaken.

Un dato curioso que nos explicó muy bien la guía, fue el hecho de la división que hay en todos los cantones en Suiza, ya que en la zona de Ginebra, hablaban sobretodo francés, por su cercanía con dicha región, y son de mayoría católica, mientras en el centro como en Berna, Zurich o Basilea eran mayormente protestantes y hablaban alemán (no hay que olvidar que Suiza fue la cuna de la reforma calvinista en Ginebra y de Zwinglio en Zurich), en el sur en ciudades como Lugano, sobretodo italiano, y en el este mezclas de lengua romanche, lo cual era un popurrí bastante interesante, cuando ciruclabas de una ciudad a otra, al oir varias mezclasd e idiomas, avisos de megafonía en diferentes idioas, etc.

 

Así acababa la visita de la primera ciudad suiza que conocía, llegando a la noche a Interlaken, donde ya estaba Javi esperándome en la estación de tren, por lo que hicimos un breve paseo por una ciudad con mucha marcha, plagas de gente con dinero, sobretodo indios o paquistaníes que plagaban especialmente la zona del Casino de la ciudad, situado enfrente del Höhematte, un gran parque en donde la gente estaba de paseo y tomando el picnic. Es una ciudad pequeña, por la que pasa el río Aar también, pero que realmente vive de ser una ciudad dedicada al turismo de aventura en la zona, ya que es el punto de partida, para muchos que van a realizar paracaidismo, parapente, vuelos en globo..., todos con partida desde la famosa colina Harder Kulm, a la que sube un funicular con vistas de la ciudad y los lagos espectaculares.

Nuestra primera idea desde casa, era subir a dicha colina en el funicular, y contemplar las vistas de Interlaken (llamada así por situarse entre dos lagos, el Lago de Thunersee y el Brienzersee), pero al final ya que habíamos llegado hasta allí decidimos subir al Monte Jungfrau, en donde estaba el famoso tren Jungfraujoch (conocido como el tren Top of Europe, porque la estación de tren situada a mayor altitud de todo el continente, a casi 3.500m de altitud).

Cuando estábamos en casa no teníamos claro si hacer dicha ascensión o no, no por la dificultad, porque se hace en un tren y luego funicular, si no, por el precio que cuesta subir hasta la cima, ya que, eran más de 230€ por cabeza la broma de subir y bajar hasta allí.

 

 

Aún así, esa misma noche, nos lanzamos a la aventura, con el riesgo de encontrarnos sin billetes disponibles por la alta demanda en esas fechas, por lo que tocó madrugar bastante al día siguiente. JAvio y yo nos contrábamos durmiendo cada uno en un albergue diferente, al haber hecho reservas diferentes, por lo que esa mañana nos encotnramos para estar sobre las 8h en la estación y poder adquirir los billetes hacia el famoso Jungfraujoch.

Aunque se os pase por la cabeza el hecho de subir sin pagar, es bastante difícil, porque cada dos por tres pasan revisores a picarte el famoso billetito, por lo que o bien los falsificas (que alguno habrá que lo haga) o pillas los tickets por internet con antelación, que seguro que algún precio más barato habrá... Eso sí, ya os digo que no os vais a encontrar a nadie de España ni de países latinos, o al menos es muy difícil, porque obviamente con esos precios, poco de nosotros podemos permitírnoslo, y en los trenes sólo había asiáticos, suizos, alemanes y algún británico y yankees sueltos, y muy poca gente joven obviamente...

La verdad es que una vez hecha la subida, y pagado el dinero que cuesta (que sí que es una pasta, es verdad), es muy recomendable que si estáis por la zona subáis al tren, porque tanto las vistas como el lugar en la cima, son espectaculares y aunque cueste un riñón, al menos se agradece que merezca la pena. Eso sí, llevaros ropa de abrigo, porque si no en la cima no vais a aguantar, ahora os cuento el por qué...

La subida en el tren Jungfraujoch, es muy bonita, con paisajes espectaculares, que difícilmente podemos encontrar por España, con un origen glaciar en la cima, que impresiona sólo con verlo desde lejos, así que imaginaros lo que supone estar dentro de él, en una estación de tren. el tren hace una parada a mitad de camino, para poder tomar unas fotos del glaciar, donde ya empiezas a notar la bjada de temperatura, y a los pocos minutos vuelve a ponerse en marcha rumbo a la cima.

En la cima la estación está todo orientada al turismo, hay pasadizos de hielo por los que se puede pasear, con fotos y material de escalada y de la construcción a principios del siglo XX, zona de souvenirs y regalos, así como una tienda de relojes suizos y una tienda de chocolates Lindt, ambas libres de impuestos, lo que hacía que la gente comprara en cantidades espectaculares, a pesar de que barato no era tampoco. Y cómo no, una cafetería al lado del observatorio en la cual poder estar caliente y comer algo allí.

 

Fuera del espacio subterráneo se puede salir al exterior y contemplar las vistas desde el Observatorio, que son espectaculares, eso sí, con un frío bastante importante y un viento espectacular, sobretod porque nosotros llevábamos una ropa muy poco invernal, y a casi 3500m de altura las temperaturas no perdonan.

Hay guías que te llevan caminando por el glaciar, hasta un refugio que hay al lado del Monte Monch, que se notaba que tenía bastante dificultad, y pasaban noche allí, y luego la zona baja la tenían habilitada con una especie de snowpark para que la gente pudiera delizarse por la nieve allí.

Nosotros decidimos ir caminando hasta otro refugio que había allí cerca a unos 30 minutos andando por el medio de la nieve, más que nada, por aprovechar y pasear por lugares que tan difícil era ver en otra parte del mundo, allí nos tomamos un buen caldo caliente, mientras entrábamos en calor.

no pudimos entretenernos mucho, porque el billete de tren tiene horario de vuelta, y tocaba volver hacia la estación, para pillar el tren de vuelta, bajando por otra ruta, parando a comer en Grindelwald, en un puesto de pizzas, aprovechando para sentarnos a contemplar las espectaculares vistas, y charlando con portugués que trabajaba allí.

 

A la tarde yo tenía que partir en un tren rumbo a Thun, Javi se quedaría en Interlaken dos días más, aprovechadno para hacer una subida caminando a la zona del Harder Kulm, y viistando al día siguiente pasada la ciudad de Thun, siguiendo mis pasos, para encontrarnos después en Lausanna.

La idea inicial era ir en barco desde Interlaken a Thun, pero ni los precios ni los horarios me cuadraban, así que tocó ir en tren hasta esta pequeña ciudad. Allí lo más destacable es su castillo en el centro de la ciudad, así como los canales que forma el río Aar a su paso por el centro de la ciudad.

Esa primera noche en la ciudad, la empeñé en salir a dar una vuelta por el entorno del castillo y el centro, que era donde había más ambiente con jóvenes en las terrazas de los bares, pero volviendo pronto a la habitación del apartamento compartido que había cogido.

Al amenecer del día siguiente, desde mi ventana podía ver a jóvenes y no tan jóvenes, bañarse en las aguas del río a su paso por la ciudad, muchos de ellos tirándose desde los puentes. Daba una sensación un tanto "chunga", porque el río llevaba bastante corriente, pero no eran ni uno ni dos los que se tiraban al agua, y a pesar de los ánimos de la dueña del apartamento porque me tirara, no me atreví, al menos en el río...

Ese día era domingo así que no había casi nada abierto para poder visitar, salvo el mencionado castillo, por lo que pasé más tiempo observando a los surfistas suizos en los canales del río, que otra cosa. Allí aprovechando la corriente y olas que formaba el río al paso de un puente de madera con flores, muchos jóvenes se pasaban el día practicando su deporte favorito, y es que no les hacía falta tener el mar al lado para hacer surf...

 

Terminada practicamente la visita de la ciudad, con el castillo y la plaza Rathausplatz, sólo me quedaba acercarme andando hacia la zona del lago Thunersee, en las inmediaciones del Schadaupark, donde se podía contemplar el hotel y restuarante que ocupaba el edificio de un antiguo palacio, pero sobretodo las espectaculares vistas de los Alpes suizos.

Allí había muchos turistas que cogían barcos para pasear por el río y el Lago, pero a mí no me daba tiempo a hacer ninguna ruta así que allí que me quedé contemplando las vistas, hasta que ví a varios jóvenes bañarse en el Lago, y al ver que no había muchos peligros (salvo el agua helada), decidí echarme al agua, y pegarme un baño que sentó de gloria y del que luego no quería que acabara, sobretodo por lo que significaba poder bañarse contemplando los Alpes al fondo. La imagen era espectacular todo sea dicho.

Tras el respectivo baño en aguas del lago, tocaba buscar algún sitio para comer, pero al ser domino, sólo estaban abiertas las zonas muy turísticas con precios muy elevados, por lo que me tocó comer en un McDonald's en el centro de la ciudad, en la calle peatonal Bälliz. Allí estuve haciendo algo de tiempo, hasta la tarde en que salía mi tren dirección a Zurich.

 

Zurich era una ciudad muy fría y sobria en comparación con las visitadas anteriormente, se nota que es la cuna financiera de Suiza, porque hay bancos por todos lados, amén de coches espectaculares, precios megaexclusivos en todo, etc., así que lo primero que hubo que hacer fue ir al albergue, en el cual dormiría una noche, y menudas noche, porque había un jaleo de ruidos espectacular, y yo con un frío de narices, mientras los demás abrían las ventanas, un show interesante. Ese día, sólo dio tiempo a hacer un pequeño paseo por la ciudad, para acabar por la noche en el barrio rojo de Zurich, en el entorno de la calle Langstrasse, que hace que parezca que etsás en otra ciudad, ya que allí hay mucho ambiente, bares abiertos hasta altas horas, prostituas por las calles, jóvenes en los pubs, y mucha mezcla intercultural. Allí en ese barrio encontré el único bar español, en el que poder el partido de fútbol del Atlético que jugaba ese día el inicio de la liga. Y como el mundo es un puñetero pañuelo, uno de los camareros del bar era un chico de Leganés, de mi misma generación, con el que compartí aventuras de jóvenes alternativos en la zona sur de Madrid, en las que ambos habíamos tomado partida. Eso sí, los precios en el barrio rojo, seguían siendo igual de caros que en el resto de Suiza, incluso si cabe, en Zurich más elevados. La vuelta al albergue fue un tanto desastrosa, porque se puso a llover a cántaros, estando y a mucha distancia del albergue, con lo cual llegué empapado y corriendo, ante las miradas de los taxistas de la ciudad que me miraban con ojos ansiosos, para que contratara sin éxito sus servicios.

 

 

Al no haber visita guiada gratuita en la ciudad, a la mañana siguiente, tocó pasear por ella por mi cuenta y riesgo, paseando por el entorno del río Limago, que bañaba las aguas del Lago Zürichsee (y es que si por algo se caracteriza Suiza, es por los lagos y montañas que hay en todos lados). Allí pude contemplar la zona del Rathaus, el puerto, la Catedral del siglo XII, o el parque Sechseläutenplatz, donde había muchos jóvenes tomando refrigerios y el sol al aire libre sentado en el suelo. Al sobrarme tiempo subí al mirador que hay en la Biblioteca de la Universidad, desde el cual había unas vistas muy recomendables nada envidiables de las que marcaban todas las guías al otro lado del río, en el parque Lindenhof, al que iría después a hacer las respectivas fotografías.

Me daría tiempo también a pasear por la zona centro peatonal de Zurich, la conocida como Münsterhof Brunnen, y desde allí fui un rato a cotillear la tienda del FC Zurich, uno de los clubes emblemáticos de la ciudad, junto con el Grasshopper, y que tanta relación tenía con el Barça. Lo que me quedé sin ver era el Museo del Fútbol Mundial de la FIFA, situado en esta ciudad, porque los precios que pedían eran espectaculares, y no había de especial interés que me atrajera para acercarme hasta allí.

Poco más de sí daría la visita a Zurich, ya que esa tarde noche tocaba nuevo tren dirección Lausana. En su momento valoramos también la opción de alquilar coche Javi y yo, pero por un lado los precios de autopistas de peaje y tarjetas que hay que llevar, unido al hecho de ser sólo dos y gastos de gasolina elevados, hicieron que descartaramos la idea al no salirnos las cuentas.

 

En Lausana a mí llegada ya tenía a Javi esperándome en la habitación del albegue, que aunque estaba a las afueras, era una habitación privada para ambos, lo cual después de tantas camas compartidas se agradecía bastante. Esa noche no hicimos nada, salvo contarnos las experiencias de cada uno de los días anteriores.

A la mañana tocaba visita a la pequeña ciudad, conocida por sede del Comité Olímpico. No había mucho que ver, así que paseamos por las afueras de la Catedral de Lausana, la Plaza de la Riponne, con el Palacio de Rumine situado en ella, así como por el caso viejo, comiendo en una zona cercana a la estación de tren.

A estar lloviendo y no pudiendo pasear con facilidad por la calle, decidimos pasar a ver los cinco museos que había en el interior del Palacio de Rumine, relacionados con la Prehistoria, Botánica, Ciencia..., que contaba con animales disecados muy característicos. A la salida de los museos, estuvimos un rato charlando en unas tiendas de ropa, con un cubano emigrado a una ciudad cercana, que nos contaba un poco el día a día de la vida en Suiza. A la tarde, tocaba visita obligada a la zona del Museo y Parque Olímpico, y es que poco más había para visitar en la ciudad, máxime, en un día de lluvia. No llegamos a entrar a la zona de pago, porque los precios una vez más eran prohibitivos, así que nos conforamos con ver la zona que era gratuita y los jardines del exterior.

Ese mismo día a la tarde, tocaba recoger las mochilas y pillar tren dirección a Ginebra, a la que llegaríamos ya entrada la noche.

 

Al llegar a Ginebra, lo primero que hicimos tras acomodarnos en el albergue (cada uno en diferentes habitaciones, al haber hecho las reservas por separado), fue salir a conocer la ciudad en su versión nocturna. Paseamos por el entorno del Río Ródano, hasta llegar al caso viejo, y contemplar iluminada la Catedral de San Pedro desde fuera. La ida la hicimos en bus urbano, mientras que a la vuelta decidimos hacer algo de paseo. En el albergue Javi tuvo suerte con su habitación, porque a mí me tocó un personaje que roncaba que hacía temblar las paredes, lo que haría que por primera vez en mi vida durmiera con tapones..., y encima tuve que aguantarle tres noches seguidas...

El siguiente día teníamos planeado ir hacia Lyon, nos habría gustado conocer la vecina Saint-Etienne desde allí, pero las conexiones eran muy malas, y además estaba la estación tomada por militares franceses por el tema del riesgo de alarma de atentados islamistas. No tenía muchas esperanzas puestas en la ciudad lyonesa, pero la verdad es que me agradó bastante y no me importaría repetir.

Al llegar a suelo francés, se notaba un cambio muy importante, no sólo en la lengua, si no también el ambiente, con mucha mezcla de población, sobretodo de raza negra, ciudad más pobre y un poco más descuidada, precios más baratos, mucho caos circulatorio, etc. Entre Ginebra y Lyon dista apenas 145 km pero las diferencias son muy notables.

La ruta que hicimos por nuestra cuenta, nos llevó por la Place Carnot y la amplísima Gran Plaza Bellecour, desde allí continuamos la ruta hacia la Plaza de los Jacobinos, contemplando la estatua en honor a ellos, acabando en el caso viejo en la Plaza des Terreaux, donde encontraba el edificio de la Ópera, el Museo de Bellas Artes y el grandioso Hotel Villa de Lyon.

Trac conocer esta zona, tocaba cruzar el Ródano, para subir a la colina de Fourvière, en donde se encontraba la famosa Basílica de Notre Dame de Fourvière, a laq ue tuvimos que subir en funicular. aunque para mí, lo más interesante en esta colina, era sin lugar a dudas, los restos de la antigua ciudad romana de Lugdunum, en donde se podía contemplar el teatro romano en un estado de conservación muy bueno, así como el Odeón, y algunas otras estancias y jardines de época romana. Además desde allí también hay unas vistas de la ciudad muy bonitas.

En la parte baja de esta colina se encontraba la Catedral de Saint Jean de Lyon, o la más pequeña, pero también bella, Iglesia de San George, donde estuvimos paseando por las calles peatonales de ese barrio, plagadas de bares y restuarantes, acompañados de gente que disfrutaba de un plácido día al sol, con un helado en la mano, como haríamos nosotros a la tarde. Eso sí, antes de volver a Ginebra en el tren, nos daría tiempo a volver a pasear por el entorno de la Gran Plaza Bellecour.

 

El siguiente día aún no tocaba visitar Ginebra a fondo, porque lo dejaríamos para el día siguiente, al lanzarnos Javi y yo nuevamente a la aventura montañera, decidiendo acercarnos a Chamonix, para desde allí subir en funicular hasta El Mont Blanc, a nada más y nada menos que a casi 4.000m de altutid, ya que el funicular sólo llegaba hasta el pico de Aiguille du Midi, porque hatsa la cima del Mont Blanc sólo se podía llegar caminando y nosotros ni habíamos entrenado, ni programado la subida hasta allí, y mucho menos llevábamos ropa en condiciones...

El viaje en bus desde Ginebra hatsa Chamonix, estuvo ambientado por la compañía de una guía malagueña que amenizo el viaje, ya que hasta que no llegas a las cercanías de los Alpes, el paisaje es bastante aburrido, y encima íbamos un tanto cabreados porque el bus llegó con más de 30 minutos de retraso...

La subida en funicular hasta el pico Aiguille du Midi, que era lo más alto que podíamos subir en nuestras condiciones, costaba la friolera de 65€ por cabeza, lo cual no era nada asequible, pero después de haber pagado cada uno 230€ por el tren Jungfraujoch en Suiza, cómo no íbamos a pagar esas cifras por subir al Mont Blanc... Hay gente que sólo coge el billete de ida y baja andando desde allí, pero nosotros ni teníamos tiempo, ni muchas ganas la verdad.

Tras esperar una buena cola, tanto para comprar los billetes, como para poder acceder al funicular, conseguimos ponernos en marcha. Aquí eso sí, a diferencia del Jungfraujoch, sí que se veía todo tipo de perfil de gentes, desde familias aprovechando el abono familiar que había, gente mayor, montañeros que subían o volvían de hacer alguna ruta de escalada por las cimas... Una vez en la cima, hay varias zonas en las que divisar el propio pico Mont Blanc, donde se veían a lo lejos las siluetas de montañeros caminando hacia allí, así como zonas habilitadas para las correspondientes fotos de recuerdo, y como no tiendas de souvenirs de todo tipo (relojes, ropa....), eso sí, recomendable sí o sí llevar gafas de sol, porque si no era imposible poder ver algo (yo al no llevarlas desde casa, tuve que haceme con unas en el Jungfrau).

A mitad de camino de la cima, hay una zona habilitada con un chiringuito de comida y bebida, en el que también mucha gente se bajaba y de allí iniciaba el retorno hasta Chamonix, pero nosotros al llegar ya tarde con el bus, más el tiempo de espera para subir, decidimos quedarnos allí un rato a contemplar las vistas, al no haber tiempo para más. Lo más triste de la visita, era ver sin apenas hielo ni nieve el glaciar que rodeaba el Mont Blanc, fruto del puñetero cambio climático.

 

Un vez bajamos de nuevo al pueblo de Chamonix, estuvimos paseando por el que es de los famosos para los amantes de las tiendas de ropa de montaña, y es que aquí hay concentradas tiendas de todas las marcas habidas y por haber aptas para los montañeros, y además muchas de ellas, tal y como había leído previamente antes en internet desde casa, en esta época del año suelen tener bastantes rebajas de productos del año anterior, por lo que yo me pillé una botas de montaña Salomon a "buen" precio. El pueblo en sí es pequeño pero muy bonito, porque es el típico pueblo de montaña, con casitas de madera, flores en los balcones, arroyos corriendo por las calles..., pero con el problema de que estaba hiper saturado de turistas (como nosotros, todo hay que decirlo).

 

 

La tarde de vuelta a Ginebra, Javi tenía de vuelta otro tren para seguir recorriéndo Suiza dos días más, mientras que yo me dediqué a pasear por Ginebra, contemplando el atardecer y anochecer, recorriendo la zona de las instaciones de la ONU, que sólo pude ver por fuera, al estar ya cerradas a esas horas de la tarde, o ver de nuevo las calles aldeañas de la Catedral, así como el Parque de los Bastiones, donde destacaba sobremanera el muro dedicados a los calvinistas, para terminar la jornada en el L'horloge fleurie (el gran reloj de flroes), situado al lado de la noria que da paso al Pont du Mont Blanc, desde el cual se podían visitar los grandiosos y exclusivos edificios que daban hacia el Ródano, todos ellos con carteles luminosos de bancos, joyerías, marcas de relojes, etc.

Al día siguiente a las 12h salía el avión hacia Madrid, por lo que ya no me daría a nada más en tierras suizas...

 

Gracias!!!

Rally.

 

ÁLBUM FOTOGRÁFICO. (pasa sobre las imágenes para verlas en grande).

 

¿Dónde está Rally?